Diputado de Morena, David Mendizábal, gasta $800 mil pesos en asesores y no tiene productividad legislativa

Por: Mario Villegas

En política, el gasto revela prioridades. Y en el caso del diputado plurinominal de Morena en Guanajuato, David Martínez Mendizábal, los números dibujan una constante difícil de ignorar: cerca de $800 mil pesos destinados a honorarios en cuatro periodos auditados.

No es un rubro menor. Es, de hecho, el más recurrente dentro de su gasto operativo. Y también el más opaco.

Los informes revisados muestran montos, pero no explicaciones. No hay claridad pública sobre quiénes reciben esos recursos, bajo qué criterios se asignan o qué funciones concretas desempeñan. El principal gasto del legislador es, al mismo tiempo, el menos transparente.

A esto se suma un elemento inquietante: las auditorías no revisan la totalidad del gasto. Se basan en muestras. Y en sus propias conclusiones advierten que podrían existir inconsistencias no detectadas. Es decir, lo que se ve no necesariamente es todo lo que hay.

En paralelo, la actividad legislativa del diputado ofrece otra dimensión del análisis.

(Ejemplo: 2023: fuente : Congreso del Estado de Guanajuato)

David Mendizábal ha participado en decenas de iniciativas. El número cercano a 79 iniciativas podría sugerir dinamismo. Pero en el Congreso, la productividad no se mide en documentos presentados, sino en leyes aprobadas. Y ahí su rastro se diluye.

No se le asocia con reformas estructurales propias ni con cambios legislativos que hayan redefinido la agenda estatal. Su papel ha sido mediatico, usando “voltaren”  como herramienta publicitaria, pero no es un diputado determinante. Presente, pero no decisivo.

Resulta paradójico que, pese a su perfil académico y su constante apelación a los derechos humanos, David Martínez Mendizábal acumule observaciones técnicas incluso en sus propias iniciativas. Mediante el oficio D-PRODHEG/189/2022, fechado el 22 de agosto de 2022, la Procuraduría de Derechos Humanos de Guanajuato emitió un análisis legislativo sobre su propuesta —presentada junto con la diputada Martha Edith Moreno— para reformar diversas leyes en materia de violencia contra las mujeres por interpósita persona . En dicho documento se advierten deficiencias relevantes: el uso de conceptos ambiguos como “personas allegadas”, la falta de una definición clara y consensuada de violencia vicaria a nivel nacional, así como omisiones frente a otros marcos legales que incluyen más supuestos y sujetos afectados. Incluso se señala que la redacción propuesta podría generar exclusiones y problemas de interpretación jurídica. Es decir, una iniciativa con una causa legítima, pero con debilidades técnicas de origen. No es un caso aislado: la acción de inconstitucionalidad promovida desde el Congreso hace meses tampoco prosperó, reforzando un patrón en su desempeño. Mendizábal parece dominar el discurso, pero no la técnica legislativa, y ahí es donde su formación académica no se traduce en experiencia efectiva para construir leyes sólidas.

Tal vez el problema de fondo no está en la intención, sino en la distancia. A David Martínez Mendizábal le hace falta salir más del escritorio, recorrer Guanajuato, escuchar fuera de la tribuna y volver, aunque sea por momentos, a su natal Valle de Santiago. Porque la diputación no se ejerce solo desde la academia ni desde el discurso técnico, sino desde el contacto con la realidad. Y ahí, en el campo, en la calle y en la vida cotidiana, es donde se construyen las leyes que realmente funcionan.

PAN: desgaste de marca, mismos de siempre y la urgencia de abrirse a ciudadanos y empresarios

Por Mario Felipe Cervantes Villegas

Por más que dentro de la llamada “familia panista” se insista en señalar al PRI como el gran lastre electoral por su desgaste histórico, la realidad vista con frialdad es otra: la marca PAN también está desgastada.

Y no es un tema ideológico, es un tema de percepción.

Durante años, el PAN ha construido una narrativa de diferenciación frente al PRI, señalando corrupción, prácticas del pasado y estructuras cerradas. Sin embargo, hoy enfrenta un problema similar: la repetición de los mismos perfiles, los mismos grupos y las mismas decisiones cupulares.

En estados como Guanajuato esto es evidente.
Cambian los cargos, maquillan los discursos, pero los nombres siguen siendo prácticamente los mismos. La rotación interna ha sustituido a la renovación real.

Y ahí está el punto clave.

La política ya no es solo de partidos

El problema del PAN no es solo político, es profundamente simbólico: ha perdido claridad sobre lo que representa y dejó de ser un proyecto de ciudadanos para convertirse en una estructura cerrada que recicla perfiles y decisiones.

En ese proceso, se desconectó del sentir social, comunica desde la técnica pero no desde la emoción y proyecta más distancia que pertenencia. No es que México haya dejado de creer en la derecha, es que dejó de creer en una derecha que no conecta con su realidad ni traduce sus ideas en empatía.

A esto se suma un error grave: replicar prácticas que antes criticaban, como las “corcholatas” de Morena, enfocándose más en espectaculares y posicionamiento de imagen que en caminar las calles, escuchar y construir desde abajo con ciudadanos y empresarios; basta ver el caso de León, donde la estrategia ha privilegiado la exposición sobre la cercanía. Hoy en día la política cambió: ya no se posiciona una marca, se evalúa a la persona; ya no gana quien más se anuncia, sino quien logra conexión. Y cuando la gente deja de verse reflejada, no rechaza… simplemente se aleja.

Hoy, en la percepción ciudadana, la imagen negativa pesa por igual en figuras como Alejandro Moreno y Ricardo Anaya.
Las figuras “nuevas” como Jorge Romero siguen representando la imagen del viejo político de antes, su estilo, su copete , su forma de comunicar “alzando la voz”, manoteando, “cansados del régimen” … es la política del guión, la de siempre, la que narra Luis Spota en la “Costumbre del Poder”

El PAN estatal, dirigido por Aldo Márquez, enfrenta un gran reto de cara a las presidencias municipales y diputaciones locales: ya no basta con la marca ni con la estructura. El desgaste es real, los mismos perfiles generan rechazo y la competencia es cada vez más territorial. Si no hay apertura y renovación, el riesgo es claro: perder espacios que históricamente parecían seguros. Guanajuato tiene perfiles valiosos que hoy están fuera del juego: empresarios reconocidos que no necesitan del cargo para enriquecerse, médicos de trayectoria, líderes sociales con legitimidad real.

En 2024, el PAN en México, apenas ganó 3 distritos por sí solo en todo México.
El PRI ganó 0 distritos de mayoría relativa compitiendo solo (sin coalición)
Ese es su tamaño real sin alianzas.

Si en el 2027 la coalición PRI-PAN se da en algunos estados y se decanta por un ciudadano, existen altas probabilidades de que puedan abanderar los proyectos de Zacatecas, Michoacán, Sinaloa, sin contar la permanencia en Chihuahua, Querétaro y Aguascalientes.

Las alarmas se encienden en Guanajuato. Hoy ya no basta con ganar León; el escenario cambió. La lógica electoral dejó de concentrarse en las grandes ciudades y ahora se define en el territorio completo. Así lo entendió en su momento Donald Trump: no ganó solo por sus bastiones, ganó al enfocarse en estados y regiones que parecían menores, pero que resultaron decisivos. En Guanajuato puede ocurrir lo mismo. Si el PAN no voltea a ver los municipios medianos y pequeños, si no construye presencia real por medio de representantes ciudadanos fuera de sus zonas cómodas, el riesgo es claro: perder donde antes ni siquiera competían.

Porque hoy las elecciones ya no se ganan en las capitales, se ganan sumando territorio.