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Un gallo que quiere volver a cantar

En política, las señales importan más que los discursos. Y en Irapuato, las señales comienzan a alinearse en una dirección que merece ser observada con lupa.

Esta editorial no surge de la especulación ni del ánimo de confrontar por confrontar. La escribo con conocimiento de causa, desde la doble responsabilidad que implica ser empresario y ciudadano. Desde la trinchera de quien genera empleo, invierte y entiende que el desarrollo de una ciudad no puede depender de acuerdos en lo oscuro, sino de decisiones públicas con visión de largo plazo.

De acuerdo con información obtenida de una fuente con conocimiento directo de los movimientos internos del PAN. existe una relación cada vez más estrecha entre el “ Gallo” Barba y Víctor Zanella Huerta. No es una relación social ni circunstancial. Es política. Y apunta a un objetivo concreto: la construcción de una candidatura.
El dato no es menor. En el contexto actual, donde las campañas se definen tanto por estructura como por financiamiento, la cercanía con actores económicos relevantes suele anticipar el armado de proyectos de poder.

La pregunta que surge es obligada:¿Este movimiento está operando con el visto bueno de Ricardo Ortiz Gutiérrez, figura que ha sido clave en la formación política de Zanella y que sigue teniendo capacidad de influencia en las decisiones estratégicas del diputado local?
Porque en Irapuato, como en buena parte del país, las candidaturas no se construyen en el aire. Se negocian, se acuerdan y, en muchos casos, se financian con anticipación.

Aquí es donde el tema deja de ser anecdótico y se convierte en estructural.
Durante años, el discurso político ha sido claro en exigir que Morena rompa cualquier vínculo con estructuras criminales. Es una exigencia legítima. Pero ese estándar no puede aplicarse de forma selectiva.

El PAN, si aspira a sostener una narrativa de legalidad y orden, también tendría que demostrar que sus proyectos no están condicionados por intereses empresariales de unos cuantos que buscan traducir apoyo político en beneficios exclusivos que solo concentren ventajas en un grupo reducido, sino en decisiones que generen beneficios distribuidos de manera amplia, con impacto real en toda la ciudad y no únicamente en un círculo limitado de intereses. Porque Irapuato no es un negocio: es una ciudad donde todos vivimos.

Y lo digo con claridad: no se trata de estar en contra de la iniciativa privada, porque soy parte de ella. Se trata de marcar una línea entre la inversión productiva y la captura del poder público para fines particulares.

Porque el riesgo es evidente: cuando una campaña nace con compromisos financieros, el margen de maniobra del gobierno que emerge de ella se reduce
Y eso tiene consecuencias.

Irapuato enfrenta un entorno económico complejo. La desaceleración es visible, la generación de empleo no logra consolidarse y la percepción ciudadana apunta a un desgaste en el modelo de gestión. En ese escenario, la prioridad debería ser construir un proyecto que reactive la economía, no uno que llegue con facturas por pagar.

Convertir la política en un mecanismo de inversión distorsiona las decisiones públicas. Prioriza intereses particulares sobre necesidades colectivas. Y, en el largo plazo, erosiona la confianza en las instituciones.

El problema no es que un “gallo” quiera volver a cantar, el problema es bajo qué condiciones lo hace.
Porque si el canto responde a compromisos previos, entonces ya no es un proyecto político: es una operación financiera.

Decia un gran político pensador al cual admiro mucho : Jésus Reyes Heroles, “El poder no se comparte, se ejerce.”

En Irapuato la duda ya no es quién quiere gobernar… sino quién va a cobrar cuando ese poder se ejerza.
Y esa, hoy, es la pregunta que incomoda.

Por eso, en un contexto donde la transparencia no es opcional sino obligatoria, sería pertinente que Víctor Zanella Huerta haga pública y detalle con claridad su declaración patrimonial.
No como un trámite, sino como una señal. Porque hoy, más que nunca, la confianza también se construye mostrando de dónde se parte.

Por Mario Felipe Cervantes Villegas

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