El “queso amarillo” o queso americano es un ingrediente popular en hamburguesas, pizzas y nachos. Sin embargo, su composición es más compleja de lo que parece.
Este tipo de queso proviene del cheddar inglés del siglo XIX. Para satisfacer la demanda en Estados Unidos, se comenzó a teñir queso blanco con achiote, creando lo que ahora se conoce como queso americano.
En su elaboración, el queso amarillo se realiza, idealmente, con trozos de queso madurados. No obstante, muchos productos incluyen aditivos como sales, almidón y grasas vegetales, lo que los clasifica como quesos procesados.
A diferencia de los quesos naturales, los quesos procesados no contienen grasa butírica, que proviene de la leche. Esta diferencia se debe a que los productos procesados buscan una mayor durabilidad.
Al comprar queso amarillo, es recomendable elegir el que se etiqueta como “queso americano”. Se deben evitar aquellos que digan “tipo” o “imitación”, ya que suelen contener más químicos y menos contenido de queso real.
No es necesario evitar este alimento, pero es importante ser consciente de su composición y consumirlo con moderación, ya que su valor nutricional es bajo y contiene grasas trans, saturadas y un alto nivel de sodio.
