Los hantavirus representan una familia de virus que afectan a los roedores y pueden ser un riesgo para la salud humana. Existen dos importantes grupos: uno en Europa y Asia, que causa fiebre hemorrágica con síndrome renal, y otro en América, responsable del síndrome cardiopulmonar por hantavirus. La gravedad de estas enfermedades varía según la cepa del virus involucrado.
En el caso de los hantavirus euroasiáticos, algunas infecciones, como las provocadas por los virus Hantaan y Dobrava, pueden ser mortales en el 5 al 15% de los casos. En contraste, las cepas americanas tienen una manifestación diferente, donde aproximadamente entre el 30% y el 40% de los pacientes pueden evolucionar a una insuficiencia respiratoria severa en fases avanzadas de la enfermedad.
La transmisión de hantavirus a humanos generalmente ocurre a través de inhalación de partículas contaminadas con orina, heces o saliva de roedores. Los entornos de riesgo incluyen cabañas, graneros y áreas mal ventiladas. También hay formas menos comunes de transmisión, como el contacto directo con fluidos corporales de roedores.
Hasta el momento se han identificado más de veinte especies de hantavirus, pero solo el hantavirus Andes se ha demostrado que se transmite entre personas. Esta transmisión requiere un contacto cercano y prolongado, lo que reduce el riesgo de contagio en situaciones de contacto breve.
Expertos han indicado que, aunque se puede producir contagio entre personas, el hantavirus Andes no representa un riesgo de pandemia, debido a su falta de contagiosidad y a que su reservorio principal se encuentra en América del Sur. Además, las autoridades de salud subrayan la importancia de implementar medidas de aislamiento en casos sospechosos para evitar nuevas cadenas de transmisión.
Según la Organización Mundial de la Salud, el riesgo para la salud pública derivado del brote actual de hantavirus Andes se considera bajo, aunque se prevé que se puedan notificar más casos debido al periodo de incubación del virus. Las medidas adecuadas de prevención y contención son clave para gestionar el riesgo de contagio.
