Juan Miguel Ramírez ha insistido en que Celaya recibe menos recursos estatales para obra pública de los que merece.
El alcalde ha cuestionado públicamente la distribución del presupuesto y sostiene que una ciudad del tamaño e importancia de Celaya debería recibir una mayor inversión para infraestructura.
Sin embargo, un informe oficial del Gobierno del Estado plantea una pregunta incómoda:
¿Está el municipio aprovechando plenamente los mecanismos de vigilancia y supervisión de las obras que ya ejecuta?
La respuesta del propio informe no es favorable.
La Secretaría de la Honestidad concluyó que durante 2025 las actividades comprometidas en materia de contraloría social no alcanzaron las metas establecidas.
Es decir, la vigilancia ciudadana de las obras públicas quedó por debajo de lo planeado.
Los números son claros.
Se programó la aplicación de 60 cédulas de vigilancia para supervisar obras públicas, pero únicamente se realizaron 49.
De los 20 informes finales que debían generarse para documentar el seguimiento de las obras, sólo se entregaron 8.
Al cierre de la evaluación, el municipio alcanzó un cumplimiento general del 85 por ciento en las actividades de Contraloría Social en Obra Pública.
La propia Secretaría de la Honestidad señala en sus conclusiones que las actividades comprometidas en el programa de trabajo no se alcanzaron y atribuye parte del problema a las condiciones de inseguridad que impidieron la presencia de ciudadanos en campo para realizar labores de vigilancia.
En otras palabras, mientras Celaya exige más recursos para construir más obra pública, ni siquiera logró cumplir completamente los mecanismos de supervisión ciudadana sobre una parte de las obras que ya estaban en ejecución.
El informe también revela que apenas el 55.5 por ciento de los ciudadanos encuestados afirmó haber recibido capacitación para realizar labores de vigilancia.
Además, sólo una minoría de los integrantes de los comités conocía plenamente las herramientas de supervisión que debían utilizar durante el seguimiento de las obras.
La observación no habla de corrupción.
Tampoco habla de desvío de recursos.
Pero sí pone sobre la mesa un tema fundamental para cualquier gobierno:
La transparencia.
Porque antes de discutir cuánto dinero adicional debe recibir Celaya, también vale la pena preguntar qué tan eficaces son los mecanismos que garantizan que las obras públicas ya existentes sean observadas, vigiladas y evaluadas por la ciudadanía.
Si la propia Secretaría de la Honestidad concluye que las metas de vigilancia no se alcanzaron, entonces el debate no puede limitarse únicamente a pedir más recursos.
También debe incluir cómo fortalecer la supervisión, la rendición de cuentas y la participación ciudadana en cada peso que ya se ejerce.
Porque una ciudad no sólo necesita más obras.
También necesita garantizar que esas obras puedan ser vigiladas.
Por Mario Felipe Cervantes Villegas

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