El Foro Económico Mundial (WEF) ha publicado el Índice de Transición Energética 2026, en el cual México ha descendido al puesto 59 de un total de 120 países, registrando una caída de cuatro posiciones. Este descenso es resultado de las políticas de transición hacia fuentes de energía más limpias y diversos factores como la infraestructura y el porcentaje de energías menos contaminantes.
México obtuvo un puntaje de 56.5, en contraste con la calificación más alta que superó los 75 puntos. Los primeros lugares en el índice son ocupados por países nórdicos y europeos, destacando Suecia, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Noruega, Suiza, Letonia, Australia, Alemania y Francia. China se posiciona en el lugar 14, Brasil en el 16 y Estados Unidos en el 19.
El informe elaborado por el WEF y Accenture destaca que las tensiones geopolíticas, interrupciones en el suministro y un aumento en la demanda contribuyen a una fragmentación que ralentiza el avance en el sector energético global. A pesar de una inversión récord mundial de 3.3 billones de dólares, solo 2.3 billones de esta suma corresponden a proyectos de energía limpia.
La investigación resalta una «creciente desconexión» entre inversión y progreso en la transición, observándose una desaceleración por primera vez en más de una década. El WEF señala que las perturbaciones en el estrecho de Ormuz han incrementado las presiones sobre los sistemas energéticos, afectando en particular a las economías emergentes dependientes de importaciones.
Se considera que los riesgos de suministro y las limitaciones estructurales están sometiendo a los países a crecientes presiones desiguales, afectando la asequibilidad, resiliencia y sostenibilidad a largo plazo. El futuro manejo de la actual crisis determinará si la seguridad energética y la sostenibilidad se abordarán como prioridades complementarias o en conflicto.
El Índice de Transición Energética (ETI), del World Economic Forum, evalúa la eficacia de los sistemas energéticos nacionales en tres dimensiones: seguridad, sostenibilidad y equidad, así como la preparación del entorno propicio para respaldar la transición. En la reunión se mencionó que la disminución de la seguridad energética y la falta de condiciones adecuadas para la transición contrarrestó las mejoras en otros ámbitos, en un contexto de financiamiento más restrictivo y limitaciones en infraestructura.
