El periodista Diego Petersen expone en su columna una crítica detallada sobre el desarrollo del Tren Maya, señalando una desviación de su propósito inicial de conectar a las comunidades de la Península de Yucatán. Según Petersen, el proyecto ha sido objeto de improvisaciones que comprometen su viabilidad financiera.
El Tren Maya fue concebido con el fin de fomentar el desarrollo en el sur del país. Sin embargo, Petersen destaca que la falta de un proyecto ejecutivo sólido y un enfoque adecuado en las necesidades locales han llevado a la pérdida de esta visión. Afirmó que el objetivo de conectar a los habitantes de la península ha sido relegado a un segundo plano, sin indicadores claros sobre su impacto en la economía o en la vida de las comunidades indígenas.
El autor observa que la intervención de las Fuerzas Armadas ha transformado el proyecto de un medio de transporte a un conglomerado turístico, que incluye hoteles y aeropuertos, además de la posible creación de una marca de cerveza. Esta evolución, según Petersen, responde a decisiones apresuradas que priorizan la rentabilidad militar sobre el beneficio social.
Respecto a los planes anunciados por la Presidenta Claudia Sheinbaum para habilitar el tren para carga y estabilizar su funcionamiento hacia 2029, Petersen manifiesta su escepticismo. Cuestiona la preparación de las autoridades militares en logística comercial y advierte que, sin el análisis adecuado, esta iniciativa podría resultar ineficaz.
Petersen también critíca la justificación oficial detrás de los cambios en el proyecto, sugiriendo que la incursión en la industria cervecera es presentada como un plan visionario en lugar de una ocurrencia improvisada. La columna plantea interrogantes sobre la posibilidad de rescatar la esencia social del Tren Maya o si el proyecto continuará girando hacia enfoques comerciales que justifiquen sus costos operativos.
