Hernán Gil, un hombre venezolano de 43 años, fue rescatado tras permanecer ocho días atrapado bajo los escombros de un edificio parcialmente colapsado en Catia La Mar, Venezuela. Este suceso se produce en el contexto de los devastadores terremotos que azotaron el país el 24 de junio, resultando en aproximadamente 2.300 muertes y numerosos desaparecidos.
El operativo de rescate, que involucró a equipos de siete naciones, marcó un esfuerzo internacional significativo, destacando la colaboración entre rescate y socorristas de Estados Unidos, Costa Rica y Chile, entre otros. Gil emergió de un túnel de tres metros construido específicamente para su salvamento, mientras los rescatistas le proporcionaban agua y oxígeno a través de un sistema de sondas.
La esposa de Gil, Gusbimar González, expresó su asombro por la movilización de múltiples países en torno a su rescate, calificando el evento como un “milagro”. Gil fue hallado en la garita de seguridad de su lugar de trabajo cuando ocurrió el sismo, y logró protegerse sin sufrir traumatismos graves.
Durante la operación, se desestimó un diseño inicial para un túnel más pequeño debido a la inestabilidad del edificio en colapso. Rescatistas establecieron operaciones continuas, trabajando día y noche y asegurando la integridad de la estructura con maderas y hierros para permitir un acceso seguro a Gil. Al finalizar la operación, se le había suministrado un total de 10,5 litros de agua para su hidratación.
Este caso resalta la importancia de la cooperación internacional en situaciones de crisis y subraya los retos que enfrentan los equipos de rescate en áreas urbanas devastadas. El impacto humanitario de estos sismos sigue siendo profundo, con un número significativo de víctimas y daños en la infraestructura, lo que requiere atención y asistencia humanitaria continua por parte de la comunidad internacional.
