El National Mall de Washington, D.C., fue evacuado el pasado 4 de julio debido a la inminente llegada de una fuerte tormenta, según reportes de agencias internacionales. Este evento tuvo lugar horas antes de un discurso programado del presidente estadounidense, y se produjo mientras ráfagas de viento y relámpagos afectaban la zona.
Las autoridades locales emitieron una orden de evacuación para garantizar la seguridad de las personas presentes, instando a la multitud a buscar refugio en museos y edificios cercanos. A pesar de las advertencias oficiales, algunos integrantes del público interpretaron erróneamente la situación, provocando momentos de confusión y desorden. Al menos un grupo de más de 100 personas se mantuvo en el lugar, mientras otros intentaban abandonar el área.
El Servicio Secreto reiteró la obligatoriedad de la evacuación ante la proximidad de las descargas eléctricas, indicando que las normas de seguridad son estrictas en tales circunstancias. La situación se tornó caótica cuando, al rechazar la evacuación, algunos asistentes empezaron a vociferar consignas políticas, lo que llevó a la policía a intervenir para controlar a los manifestantes y garantizar la seguridad en el área.
Este incidente resalta los retos que las autoridades enfrentan durante eventos de gran concurrencia y la necesidad de asegurar el cumplimiento de protocolos de seguridad en situaciones de riesgo.
