Los videojuegos son parte del ocio cotidiano de numerosos jóvenes en el país, pero su uso excesivo puede tener repercusiones en la salud física, emocional y en el rendimiento escolar. Profesionales en psicología y psiquiatría advierten que un tiempo prolongado frente a pantallas puede afectar otras actividades esenciales y responsabilidades.
El trastorno por videojuegos, conocido como «gaming disorder», ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud como un comportamiento adictivo. Sin embargo, se destaca que no se debe considerar adicción simplemente por el tiempo de juego.
La académica Carla Alejandra Márquez Muñoz, del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, señala que este trastorno se manifiesta cuando el individuo presenta dificultad para limitar o interrumpir el juego. Si los videojuegos priorizan sobre la escuela, las relaciones familiares, amistades o el descanso, se considera un signo de alerta.
Los especialistas indican que factores psicológicos, familiares y sociales pueden incidir en el desarrollo de este trastorno, destacando la búsqueda de alivio a la ansiedad o estrés a través del juego. Perla Leal García, también académica de la Universidad Iberoamericana, menciona que el sistema de recompensa ligado a los videojuegos puede contribuir a establecer hábitos perjudiciales.
La exposición excesiva a pantallas ha sido asociada con problemas visuales, alteraciones de postura, sedentarismo y afectaciones en el sueño. En el ámbito de la salud mental, el abuso del videojuego puede provocar irritabilidad, ansiedad, falta de concentración y dependencia. Esto puede derivar en aislamiento social y dificultades en la convivencia familiar. En situaciones más severas, se han descrito síntomas de abstinencia y desconexión de la realidad.
Desde el aspecto académico, la falta de sueño debido al tiempo dedicado a videojuegos puede ocasionar cansancio durante las clases y un descenso en el rendimiento escolar. Según Eduardo Jiménez García, médico psiquiatra de la Universidad Iberoamericana, un uso moderado, de alrededor de dos horas diarias, es considerado aceptable, mientras que más de cinco horas en una sola sesión puede ser un indicativo de riesgo.
Los especialistas sugieren que la mejor estrategia para los padres no es prohibir los videojuegos, sino acompañar y supervisar el uso que sus hijos hacen de ellos, estableciendo límites de tiempo. Además, es fundamental discernir el motivo detrás del juego: si es por entretenimiento, puede ser saludable; si se usa para evadir problemas, puede indicar la necesidad de atención profesional.
Con un manejo responsable y moderado, los videojuegos pueden ofrecer beneficios cognitivos y sociales.
