Un fármaco experimental llamado mavoglurant puede reducir el consumo de alcohol y cocaína en personas con trastorno por consumo de este último estupefaciente, según los resultados de un nuevo ensayo clínico en fase 2 con 68 participantes.
El trabajo, publicado en Science Translational Medicine, concluye que el grupo de participantes que recibió mavoglurant consumió, en general, cocaína menos días y mostró, además, evidencia de una menor ingesta de alcohol.
Si bien se necesitan ensayos más amplios y de mayor duración, los resultados sugieren que se debería explorar más este fármaco como terapia para la dependencia de la cocaína o el alcohol, apuntan los investigadores.
El consumo de cocaína sigue siendo un problema acuciante para la salud pública, ya que su uso indebido puede provocar muerte prematura, complicaciones de salud a largo plazo y problemas sociales para el consumidor, recuerda una nota de la revista.
Investigaciones anteriores ya habían demostrado que un receptor llamado mGluR5 desempeña un papel central en la adicción a este narcótico y en el procesamiento de la recompensa, lo que sugiere que podría ser un objetivo para nuevas terapias.
Y estudios en animales habían sugerido que el bloqueo del receptor inhibe la autoadministración y la búsqueda de cocaína en roedores.
En este ensayo de fase 2, Baltazar Gómez-Mancilla, de la Universidad McGill (Canadá), e investigadores de otros centros probaron los efectos de mavoglurant, que inhibe mGluR5 y que, además, se está estudiando como tratamiento para el síndrome del cromosoma X frágil.
Durante el ensayo de 98 días, los investigadores administraron (vía oral) mavoglurant o un placebo dos veces al día a 68 adultos de entre 18 y 57 años con trastorno por consumo de cocaína.
El equipo examinó los cambios en la ingesta de este estupefaciente por un autoinforme retrospectivo de los participantes, así como mediante análisis de muestras de orina y cabello para detectar metabolitos de cocaína.
En general, el grupo que recibió mavoglurant consumió cocaína menos días y mostró evidencia de una menor toma de alcohol.
El fármaco causó principalmente efectos secundarios leves, como dolor de cabeza y mareos, y el 76 por ciento de los participantes completó todo el tratamiento.
Los autores, también adscritos a Institutos Novartis para la Investigación Biomédica, reconocen que sus resultados están limitados por la corta duración y el pequeño tamaño del estudio, y solicitan más trabajos con poblaciones más diversas para analizar los efectos a largo plazo de mavoglurant en el consumo de cocaína.
Esteban Ortiz-Prado, profesor e investigador en la Universidad de las Américas (Ecuador) y director del grupo de investigación One Health, señala que se trata de un ensayo clínico “bien diseñado y prometedor”, que aborda uno de los grandes desafíos en medicina de las adicciones: la ausencia de tratamientos farmacológicos eficaces para el trastorno por consumo de cocaína.
Los autores evaluaron mavoglurant, un antagonista selectivo del receptor mGluR5, que mostró “una reducción estadísticamente significativa” en el uso de cocaína en comparación con el placebo. Además, se observó una reducción paralela en el consumo de alcohol, lo que podría indicar mecanismos neurobiológicos compartidos entre ambas sustancias.
No obstante, el estudio tiene limitaciones importantes -también reconocidas por los propios autores-. La muestra fue pequeña, predominantemente compuesta por hombres blancos y la duración del seguimiento fue corta. “Sería fundamental evaluar este fármaco en poblaciones más diversas, incluyendo regiones con alta carga de consumo como América Latina”.
Aunque los resultados son alentadores desde el punto de vista clínico, quedan preguntas importantes sin resolver, apunta Ortiz-Prado, que no participa en el estudio.
Entre ellas, su coste, en el caso de que se apruebe, o si sería accesible para los consumidores que, en su mayoría, pertenecen a grupos vulnerables con pocos recursos, agrega a Science Media Centre, una plataforma de recursos científicos para periodistas.
En el estudio también participaron científicos del Instituto de Investigación del Hospital del Mar y del Hospital Clínic, ambos en Barcelona, y de la Universidad Miguel Hernández (Elche).