La detección del primer caso de gusano barrenador en Chihuahua ha encendido las alarmas entre los ganaderos de Ciudad Juárez y podría tener repercusiones significativas para la economía agroindustrial del estado. Esta plaga, que amenaza la salud del ganado y, por ende, la producción láctea, también podría afectar las exportaciones, afectando así a miles de familias que dependen de esta actividad en la frontera norte de México.
Hace escasos días, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) confirmó que el gusano fue hallado en un becerro en el municipio de Hidalgo del Parral, cerca de los límites con Durango. Esta noticia ha llevado a los productores lecheros a intensificar sus protocolos de sanidad.
José Alfonso Prieto Rodríguez, un productor lechero de la región, destacó que están implementando medidas preventivas rigurosas para frenar la propagación de la mosca que deposita larvas en las heridas del ganado. «Sabemos que no estamos exentos, pero hemos tratado de tener las máximas precauciones con fumigación y el uso de cicatrizantes en cuanto detectamos heridas», comentó.
Las lesiones en las vacas, resultantes del manejo diario o el contacto entre ellas, aumentan el riesgo de infestación. Por este motivo, los establos han aumentado la frecuencia de fumigación con cipermetrina y han intensificado la limpieza para eliminar condiciones favorables para los insectos.
Aparte del impacto sanitario, los ganaderos están preocupados por las posibles pérdidas económicas que se derivarían de un brote. Una vaca infectada puede reducir considerablemente su producción de leche, afectando directamente la rentabilidad de las explotaciones en Michoacán.
El Senasica reporta que la plaga está presente en 27 de los 32 estados del país, y adoraba a Chihuahua entre los pocos no afectados, junto con Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa. A julio de este año, hay 1,951 casos activos con Yucatán, Puebla y San Luis Potosí entre los más afectados.
Preocupaciones ante pérdidas potenciales
Jorge Esteve Recolons, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), señala que contener la plaga podría haber costado unos 100 millones de dólares, en contraste con los más de 2,000 millones en pérdidas acumulativas anuales debido a brotes anteriores. Aunque la plaga afecta directamente al ganado y no representa un riesgo para el consumo de productos lácteos o cárnicos, ha surgido preocupación entre los consumidores sobre la calidad de estos alimentos.
Prieto Rodríguez se dirige a estas inquietudes afirmando que «la afectación es exclusivamente en el animal; los productos lácteos y la carne son seguros para el consumo». Sin embargo, los trabajadores del sector también temen que una eventual propagación del gusano no solo comprometería la producción, sino que pondría en riesgo sus puestos de trabajo.
Ángeles Ortiz, trabajadora de un establo en Ciudad Juárez, advirtió sobre el impacto en el empleo: «Si las reses se infectan, no podrían producir leche en condiciones óptimas. Perderíamos nuestro trabajo y los dueños su principal fuente de ingresos».
Por su parte, Estados Unidos mantiene cerrados sus puertos fronterizos para el ganado mexicano desde noviembre de 2024 debido a preocupaciones sanitarias.
