IRAPUATO, GTO. – Mientras el gobierno federal mantiene la narrativa de la austeridad republicana, dos legisladores morenistas de Guanajuato, Pepe Aguirre y Ernesto Prieto Gallardo, fueron vistos comiendo juntos en un restaurante de alto nivel en Irapuato, generando críticas por el contraste entre su discurso político y su vida pública.
Pepe Aguirre, diputado federal por Irapuato, ha sido señalado por su presunta participación en un fraude en la Asociación Porcícola de Guanajuato, y ha sido objeto de burlas y molestia ciudadana tras ser captado en diversas ocasiones dormido en sesiones del Congreso. A más de la mitad de su legislatura, no ha realizado ninguna intervención relevante en favor de Guanajuato, lo que ha alimentado cuestionamientos sobre su utilidad como representante popular.
Aguirre mantiene además una estrecha relación con Adán Augusto López, ex secretario de Gobernación y figura relevante dentro de Morena, quien ha sido mencionado en reportes de inteligencia y medios nacionales por sus presuntos vínculos con el grupo criminal conocido como La Barredora. Aunque las conexiones no han sido judicializadas, el contexto genera preocupación por las redes de poder que operan detrás del discurso oficialista.
Por su parte, Ernesto Prieto, diputado por Salamanca, ha enfrentado acusaciones por el incumplimiento de obligaciones de pensión alimenticia, lo que ha afectado su imagen dentro y fuera del estado.
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Entre lujos y contradicciones
Esta escena de opulencia no es aislada. Se suma al malestar nacional causado por los viajes al extranjero de personajes de la 4T como Ricardo Monreal y Gerardo Fernández Noroña, quienes fueron cuestionados por realizar giras en Europa con fondos públicos o sin justificación clara, en momentos en que México enfrenta retos presupuestarios y crisis internas.
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Editorial | El discurso se cae cuando se come con cubiertos de plata
Lo ocurrido en Irapuato retrata con claridad la fractura entre el discurso oficial y los hechos cotidianos de quienes lo enarbolan. La llamada “transformación” pierde fuerza cuando sus promotores comen en restaurantes de lujo, viajan por el mundo o duermen en el Congreso mientras miles de mexicanos enfrentan inflación, inseguridad y falta de servicios básicos.
Pepe Aguirre y Ernesto Prieto representan el riesgo de que Morena repita los vicios del viejo régimen: clientelismo, simulación, falta de compromiso con sus distritos y una preocupante desconexión con el pueblo que los eligió.
Si el nuevo gobierno quiere sostener su legitimidad, debe empezar por exigir congruencia a sus legisladores, sancionar el abandono del cargo y frenar los excesos. La austeridad no puede ser sólo una frase de campaña: debe vivirse, no comerse.
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