El tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, clave para el comercio internacional, sigue operativo a pesar de las tensiones en la región, según declaraciones del Ejército de Estados Unidos. La postura oficial del Mando Central (CENTCOM) desmiente afirmaciones de Irán sobre el cierre del estratégico paso marítimo, mientras se intensifican los intercambios de fuego entre ambas naciones. Este estrecho, que controla una porción significativa del tránsito mundial de petróleo, se mantiene abierto al tráfico legal, habiendo registrado más de 140 embarcaciones en los últimos siete días.
Sin embargo, la Guardia Revolucionaria de Irán ha declarado un cierre temporal del estrecho tras realizar disparos de advertencia a un buque que, supuestamente, ignoró sus instrucciones. Teherán argumenta que la situación de seguridad se ha visto comprometida por la intervención de potencias extranjeras, cifrando la responsabilidad en EE. UU. y sus aliados regionales. Este tipo de escalada militar ha generado inquietud en países vecinos como Omán, Qatar y Jordania, alertados por las recientes actividades.
Las autoridades iraníes han afirmado que cualquier navegación en el estrecho se verá condicionada a la finalización de las acciones de EE. UU. en la región, describiendo estas medidas como un componente esencial de su estrategia de defensa. La retórica del régimen señala que, en caso de que se perciba un ataque, las bases militares estadounidenses en cercanía serían objeto de una respuesta contundente.
La reciente ola de hostilidades ha dejado varios heridos en Qatar y ha provocado la alarma en países aledaños. El portavoz de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní ha reafirmado el control de Teherán sobre la zona, enfatizando que este dominio será sostenido por medios militares si es necesario.
La respuesta de Washington ha incluido ataques a aproximadamente 140 instalaciones militares iraníes, apuntando a capacidades de misiles, redes de comunicación y otros objetivos estratégicos. Este deterioro en las relaciones entre EE. UU. e Irán complica las dinámicas geopolíticas en el Golfo Pérsico, afectando a la seguridad marítima y las relaciones bilaterales en toda la región, un ambiente que exige la atención de la comunidad internacional.
