Mario Felipe Cervantes Villegas
La renuncia de la diputada Luz Itzel Mendo González a la militancia del Partido Verde Ecologista de México no solo representa la salida de una figura política con trayectoria y formación en Guanajuato, sino también la pérdida de un activo valioso que ejercía su representación con convicción, identidad y responsabilidad frente a los electores.
Durante varios años, Mendo González participó activamente en la política local, construyendo desde regidurías, direcciones municipales y finalmente desde el Congreso del Estado. Su carta de renuncia revela un quiebre no coyuntural, sino estructural, entre su visión política y la línea que el PVEM ha asumido en el estado: una conducción marcada —según sus propias palabras— por la descalificación personal, el señalamiento público y el desdén a principios fundamentales como la defensa de la vida y la coherencia institucional.
Pero lo que ocurre en Guanajuato es solo un reflejo de una dinámica nacional preocupante.
La reforma electoral promovida por Morena, diseñada para debilitar al INE, controlar órganos locales y mantener hegemonías en 2027, ha comenzado a cobrarse un costo silencioso pero profundo: la traición a sus aliados. Partidos como el Verde, indispensables en la aritmética electoral y legislativa del oficialismo, comienzan a evidenciar fracturas internas frente a decisiones impuestas desde la coalición dominante. Y esas fisuras, cuando se acumulan, terminan por desfondar proyectos políticos que dependen de alianzas para triunfar.
Si algo quedó claro en este episodio es que la verticalidad impuesta por Morena hacia sus aliados genera desgaste, fragmentación y desconfianza. Así como en Guanajuato se pierde a una legisladora con arraigo, en otros estados podrían comenzar a replicarse rupturas silenciosas que debiliten las estructuras territoriales necesarias para ganar elecciones.
El riesgo para Morena no está solo en sus adversarios externos, sino en su incapacidad de mantener lealtades internas con altura política. La caída de gobernaturas en 2027 no llegará por una nueva oposición más fuerte, sino por la descomposición desde adentro. Y la salida de Luz Itzel Mendo González es una señal de advertencia que no conviene ignorar.

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!