Un coche bomba estalló en la madrugada frente a una comisaría de Dunmurry, en las afueras de Belfast, sin provocar víctimas. Las autoridades consideran que se trató de un atentado fallido, aunque aún no se ha identificado a los responsables.
Un portavoz policial subrayó que el explosivo estaba diseñado para causar el mayor daño posible a las fuerzas de seguridad. La explosión ocurrió tras un incidente en el que los atacantes obligaron a un repartidor a llevar la bomba en su vehículo, lo que suscitó preocupaciones sobre motivaciones políticas.
La ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O´Neill, condenó el ataque y afirmó que los autores no cuentan con apoyo en la comunidad. Sin embargo, no proporcionó detalles sobre quién podría estar detrás de la explosión.
El subjefe de policía, Bobby Singleton, describió el artefacto como imprudentemente instalado, indicando que la manipulación de la bomba, hecha con un cilindro de gas comprimido, fue extremadamente peligrosa para la población cercana. Este evento marca el segundo intento de ataque similar en la región en lo que va del año, lo que ha generado un clima de alarma entre los habitantes.
