Al menos 40 personas han perdido la vida en un ataque perpetrado por pandillas en Kenscoff, una localidad cercana a Puerto Príncipe, la capital de Haití. Este ataque, que tuvo lugar en una iglesia utilizada como campamento de desplazados, también ha dejado heridos y personas secuestradas. Massillon Jean, alcalde de Kenscoff, informó que las operaciones de búsqueda continúan, y varias personas siguen desaparecidas.
La violencia en Haití se ha intensificado en los últimos años, con un aumento en los asesinatos, secuestros y reclutamiento forzado, particularmente entre la población infantil. El país, que enfrenta una prolongada crisis política y económica, alberga cerca de 1,5 millones de desplazados internos debido a la inseguridad, de acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional para las Migraciones.
El gobierno haitiano, liderado por el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, ha expresado su “profunda compasión” por las víctimas y sus familias, además de anunciar el envío de refuerzos para asegurar la zona afectada. Este conflicto se enmarca dentro de una lucha más amplia entre bandas que buscan expandir su control territorial en la capital y sus alrededores.
La comunidad internacional, incluyendo las Naciones Unidas, ha respaldado la creación de una fuerza dedicada a combatir la violencia de estas bandas. Se prevé que esta fuerza incluyera eventualmente a 5,500 policías y militares extranjeros, aunque aún no se ha precisado cuántos efectivos han sido enviados hasta el momento. La crisis en Haití continúa planteando serios desafíos para la estabilidad regional y la protección de los derechos humanos en la isla.
