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Incendios devastan la frontera tarasca en Michoacán

Incendios devastan la frontera tarasca en Michoacán

El Cerro del Chivo, ubicado en Acámbaro, Guanajuato, juega un papel crucial en la delimitación histórica entre Tzintzuntzan, Excan Tlatolloyan y la Gran Chichimeca. Desde el periodo epiclásico, grupos chichimecas, probablemente pames, habitaron la parte alta del cerro con patrones de ocupación temporal.

Durante el Posclásico tardío, tras la conquista mexica de Xilotepec, se dieron reacomodos poblacionales en Acámbaro, con la llegada de familias otomíes desde Hueychiapan. A pesar de su diferente origen, los otomíes adaptaron las tradiciones culturales del lugar, estableciéndose en las laderas del cerro y construyendo plataformas rituales. En ellas, edificaron estructuras que incluían un panel tallado en piedra, representando la renovación de ciclos temporales y rituales importantes, similares a los usados por señores de Xochicalco.

Con la llegada de familias tarascas al otro lado del Río Grande, el equilibrio político de la región se transformó. Otomíes y chichimecas acordaron mantener sus sistemas de gobierno y religión, a cambio de tributo y defensa territorial ante los tarascas. Con el tiempo, los otomíes comenzaron a utilizar cerámica tarasca, lo que redefinió el significado del panel del cerro, transformándolo en un símbolo de un nuevo orden político-territorial bajo la hegemonía purépecha.

El panel del Fuego Nuevo fue descubierto en los años setenta durante excavaciones en el Cerro del Chivo.