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Jesús Ramírez Garibay pide colecta para Cuba mientras Morena recibe $2,486 millones de financiamiento partidista y más de $70 millones en Guanajuato

Don Rommel.

Hay decisiones que revelan prioridades.

Jesús Ramírez Garibay, secretario general de Morena en Guanajuato, decidió convocar a la ciudadanía a donar alimentos y medicinas para enviarlos a Cuba en un acto de “solidaridad internacional”.

El discurso apela a la empatía global. A la hermandad entre pueblos. A la responsabilidad moral frente a crisis externas.

Pero la política no se mide solo por discursos.
Se mide por el orden de las prioridades.

Morena recibirá 2,486 millones de pesos de financiamiento público partidista a nivel nacional y más de 70 millones de pesos en Guanajuato. Es decir, no hablamos de una organización que opere desde la carencia, sino del partido con mayor financiamiento público en el país.

Sin embargo, la convocatoria no está dirigida a atender rezagos en Guanajuato capital, donde vive el propio secretario, ni a fortalecer redes de apoyo en colonias donde las familias enfrentan dificultades reales para completar la despensa, pagar medicamentos o sostener gastos básicos.

En comunidades del estado hay adultos mayores que dependen de apoyos mínimos, madres que estiran el ingreso hasta el límite y jóvenes que abandonan estudios por falta de recursos. La pobreza no es un concepto abstracto en Guanajuato; es una condición concreta que se vive todos los días.

Por eso la pregunta no es ideológica.
Es ética y política:

¿La solidaridad debe empezar fuera del país cuando en casa existen carencias evidentes?

Impulsar una colecta es una decisión política. Define qué causa se coloca en el centro del discurso. Y en este caso, el centro no está en la ciudad donde reside el dirigente, ni en el estado que representa, sino en una agenda internacional que coincide con la narrativa histórica del partido.

El contraste se amplifica cuando el propio Ramírez Garibay proyecta públicamente una vida vinculada a viajes frecuentes a Estados Unidos y a una imagen alineada con marcas y moda estadounidense, mientras promueve una causa asociada al discurso ideológico crítico de ese mismo modelo.

No se trata de cuestionar su derecho a viajar o vestir como prefiera.
Se trata de coherencia política.

Cuando se gobierna y se administran millones en financiamiento partidista, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse por qué la prioridad solidaria no se traduce primero en acciones visibles dentro del propio estado.

La solidaridad internacional puede generar titulares.
Pero la necesidad local exige responsabilidad.

Porque antes de mirar hacia La Habana, habría que mirar hacia Guanajuato capital.
Antes de pedir donativos a la ciudadanía, habría que explicar qué prioridades definen realmente la agenda política.

En política, las prioridades no se declaran.
Se demuestran.

Y esa es la verdadera prueba de coherencia.

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