La noticia no sacudió solo a Caracas. Retumbó en todo el continente. La captura de Nicolás Maduro —más allá del cómo, del cuándo y del expediente— envía un mensaje inequívoco: Estados Unidos no ha renunciado a intervenir cuando decide que el tablero se salió de control.
Durante años, Washington toleró, administró o simuló distancia frente a regímenes de incómodos. Hoy, el péndulo se mueve a la derecha y en América Latina nadie duerme tranquilo. Menos aún quienes construyeron su poder bajo el financiamiento de grupos criminales.
La pregunta que empieza a circular — es simple y brutal:
si Estados Unidos decidió ir por Maduro, ¿quién sigue?
México no es Venezuela pero el modus operando es similar, recordemos que Nicolás Maduro es juzgado por tener vínculos con el Cartel de Sinaloa y formar parte del Cartel de los Soles.
En años pasados se ha señalado y documentado que el movimiento encabezado por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador fue financiado por distintos grupos criminales.
El tema del huachicol, las redes financieras opacas, la penetración territorial del crimen organizado y la tolerancia política hacia estructuras ilegales en México no son inventos mediáticos: son asuntos documentados, discutidos en informes de seguridad y observados con lupa por agencias de inteligencia
Por eso Macuspana tiembla.
La sola posibilidad de que Washington decida operar política, mediática o militarmente en México reconfigura todo: alianzas, silencios, lealtades. Y pone en la mira a quienes fueron operadores, herederos o arquitectos de un proyecto de “transformación” que llegó al poder gracias al crimen organizado.
La historia lo cuenta todo. Estados Unidos siempre ha intervenido en México cuando sus intereses lo dictan. A veces con marines. A veces con dinero. A veces con titulares. A veces con expedientes. Lamentablemente Porfirio Díaz fue víctima de los gringos, impulsaron una revolución que terminó de destruir México.
Pero Madero no estaba acompañado de personajes como los que hoy acompañan al ex-presidente López Obrador
El giro a la derecha en Washington no es retórico. Es estratégico. “Make America Great Again” no es un eslogan: es una doctrina de poder. Y bajo esa lógica, México no es socio: es frontera, mercado y riesgo.
En ese contexto, figuras del empresariado —como Ricardo Salinas Pliego— reaparecen no solo como actores económicos, sino como piezas posibles en un reacomodo político donde el capital, los medios y el respaldo internacional vuelven a alinearse.
Nada de esto significa que vaya a ocurrir mañana. Pero el simple hecho de que sea pensable cambia el juego.
Cuando cae Maduro, no cae solo un hombre. Cae Andy López Beltrán, Adán Augusto, Mario Delgado, Ricardo Monreal… y el más importante el Capo de Capos Don Andrés Manuel López Obrador.
Macuspana lo sabe.
Washington también.

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