La nota publicada sobre el viaje a Madrid vuelve a poner en el centro una figura que suele pasar sin mayor ruido por la agenda pública, pero que esta vez aparece con pasaporte en mano: la diputada local Edith Moreno.
De acuerdo con la información difundida, la legisladora acompañará a su esposo en una gira internacional, junto con su hija, bajo el argumento de que cada quien pagará sus propios gastos y que el viaje no afecta su desempeño parlamentario. Y justo ahí es donde el discurso empieza a chirriar.
Porque si algo ha caracterizado el paso de Edith Moreno por el Congreso local no ha sido precisamente una agenda intensa, reformas de alto impacto o una presencia constante en los grandes debates estatales. Su rendimiento legislativo ha sido, por decirlo suavemente, discreto. Tan discreto, que cuesta trabajo notar cuándo está… y cuándo no.
Por eso la ironía resulta inevitable. Mientras su actividad como diputada genera pocas huellas visibles en Guanajuato, su actividad como acompañante en Madrid parece mucho más clara, documentada y defendida. No hay boletines de iniciativas, pero sí explicaciones detalladas del viaje. No hay posicionamientos fuertes en tribuna, pero sí argumentos bien ensayados para justificar la salida del país.
La escena, vista desde fuera, se asemeja más a una luna de miel institucional que a una misión legislativa. Viaje en pareja, viaje en familia, viaje largo —de 10 a 12 días— y con la tranquilidad de que “no hay problema” porque el periodo legislativo lo permite. Como si la función de una diputada se midiera solo por el calendario y no por los resultados.
Se insiste en que el viaje no afecta su labor como representante popular. Pero la pregunta es otra:
¿qué tanto puede afectar algo… cuando el rendimiento ya es bajo?
Porque el problema no es que viaje. El problema es que no se le extraña. Su ausencia no genera vacío, ni rezago, ni debate pendiente. Y eso, en política, dice más que cualquier explicación administrativa.
En un estado con problemas urgentes, una diputación local debería ser trinchera, no sala de espera. Debería ser voz, no acompañamiento. Pero hoy, la percepción es clara: Edith Moreno aparece más como pasajera frecuente que como legisladora activa.
Y cuando una diputada logra justificar mejor un viaje a Madrid que su trabajo en el Congreso, la crítica no es exageración: es consecuencia.

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