Irapuato, Gto.
En medio del desgaste que enfrenta la figura de Adán Augusto López Hernández, exsecretario de Gobernación y exgobernador de Tabasco, los reflectores comienzan a dirigirse hacia uno de sus más visibles aliados en Guanajuato: el diputado federal irapuatense Pepe Aguirre.
Aunque su discurso se ha centrado en la transformación y las necesidades de su distrito, lo cierto es que Pepe Aguirre fue uno de los primeros operadores morenistas en Guanajuato que se alineó abiertamente con Adán Augusto durante su precampaña presidencial. Lo acompañó en eventos, lo respaldó públicamente, y fue uno de los cuadros que buscó posicionarlo en la escena nacional desde el bajío.
Pero hoy, esa cercanía ya no es un activo político: es una carga de alto voltaje.
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🕳️ Vínculos incómodos
La sombra que rodea a Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco durante el gobierno de Adán Augusto, ha generado más preguntas que respuestas. Las acusaciones que pesan sobre él —desde corrupción hasta presunta colusión con el crimen organizado— salpican de manera indirecta a quienes apostaron políticamente por esa estructura de poder.
Y eso incluye a Pepe Aguirre.
Ante esta situación, cabe una pregunta legítima que el diputado no ha respondido:
¿Cómo podemos estar seguros de que su campaña y su carrera política no han sido financiadas, directa o indirectamente, con dinero sucio proveniente de los mismos círculos que hoy están bajo la lupa en Tabasco?
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💤 Legislador ausente, legislador dormido
Por si fuera poco, Pepe Aguirre ha mostrado una participación legislativa prácticamente nula en la Cámara de Diputados. No hay iniciativas de peso que lleven su nombre, no lidera comisiones, ni ha sido protagonista de ningún debate relevante en tribuna.
Peor aún: en redes sociales circuló una imagen en la que se quedó dormido en plena sesión legislativa, reflejo de lo que muchos perciben como una desconexión total con el trabajo que debería estar realizando.
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¿Riesgo para Morena en Guanajuato?
Con las elecciones de 2027 cada vez más cerca, y con Morena buscando perfiles con credibilidad y trabajo real en territorio, el caso de Pepe Aguirre representa un riesgo político más que una fortaleza electoral.
Su cercanía con Adán Augusto, su opacidad legislativa, su silencio ante el escándalo tabasqueño, y su pobre historial como representante popular plantean una duda legítima:
¿Es este el tipo de liderazgo que necesita Guanajuato en la nueva etapa de la 4T?
En política, las lealtades se celebran cuando traen votos. Pero también se condenan cuando arrastran escándalos. Hoy, Pepe Aguirre parece más un eslabón débil que un operador confiable.
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