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Ricardo Salinas Pliego: ¿la carta inesperada en la política mexicana?

En la política mexicana se abre un flanco que hasta hace poco parecía impensable: la eventual incursión de Ricardo Salinas Pliego en la arena electoral. La posibilidad dejó de ser mera especulación tras la entrevista con Ramón Garza para Código Magenta, donde el empresario, lejos de cerrarse, dejó abierta la puerta a una participación. No fue una declaración improvisada: fue un mensaje calculado, que debe leerse en clave política.

El efecto Trump y Bukele

El paralelo es inevitable. Donald Trump en Estados Unidos y Nayib Bukele en El Salvador lograron capitalizar el hartazgo ciudadano frente a los partidos tradicionales. Ambos utilizaron un lenguaje directo, mediático, sin concesiones, con un solo mensaje: “yo no soy como ellos”. Salinas Pliego tiene las condiciones para replicar esa narrativa. Su estilo confrontativo en redes sociales y su figura como empresario exitoso lo colocan como un posible catalizador del voto de protesta, ese que se mueve desde la clase media urbana hasta los jóvenes desencantados de la política.

El dinero como ventaja estructural

A diferencia de otros aspirantes que dependen de financiamiento público o de donadores privados, Salinas Pliego dispone de lo que en la política es el recurso más escaso: dinero. Y no cualquier cantidad, sino lo suficiente para financiar una campaña nacional sin hipotecar su independencia. El poder económico no sólo le otorga autonomía, también proyecta una idea de solvencia y éxito que contrasta con la mediocridad de la clase política.

Un candidato mediático

En términos de exposición, Salinas Pliego juega en otra liga. Sus plataformas de comunicación le aseguran visibilidad cotidiana en millones de hogares. No requiere una estructura partidista para posicionarse: ya es un personaje con alcance nacional. Su narrativa desafiante frente a la autoridad, su irreverencia en Twitter y su capacidad para marcar agenda lo vuelven un contendiente incómodo. No es casualidad: entiende que en la política actual, quien domina la conversación digital domina buena parte del debate público.

Conclusión

Hoy el nombre de Ricardo Salinas Pliego aparece como un factor disruptivo. No es aún un candidato, pero actúa como si lo fuera. Su guiño en Código Magenta no debe leerse como anécdota: es el primer movimiento de alguien que sabe el peso que tiene su figura. En un país polarizado, un personaje con recursos, poder mediático y discurso antisistema puede alterar el tablero.

La pregunta no es si quiere jugar. La pregunta es si los partidos están preparados para enfrentar a alguien que no necesita de ellos para competir.

Mario Felipe Cervantes Villegas

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