Al menos cuatro personas han fallecido y más de un centenar han resultado heridas como consecuencia de un ataque a gran escala llevado a cabo por Rusia en Kiev y su región, marcando uno de los bombardeos más intensos desde el inicio del conflicto. La ofensiva, que involucró el lanzamiento de drones y misiles balísticos, incluyendo el proyectil hipersónico Oreshnik, se produjo durante la madrugada del domingo.
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, proporcionó un balance de daños que indica que más de 30 edificios han sido «dañados o destruidos» en la capital, incluyendo instituciones culturales como el Museo de Chernóbil y la sede de la cadena pública alemana ARD. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud y la residencia del embajador de Albania sufrieron daños, lo que llevó a la convocatoria del embajador ruso en Tirana en protesta por el ataque.
El ataque comenzó alrededor de la 01:00 hora local, activando alertas antiaéreas en varias regiones de Ucrania. Las autoridades confirmaron muertes y heridos en localidades periféricas como Bucha y Obujiv, mientras que el jefe de la Administración Estatal Regional de Kiev, Mikola Kalashnik, reportó un total de nueve heridos adicionales en estas áreas.
La confirmación por parte de Rusia del uso del misil Oreshnik es relevante, dado que este proyectil tiene capacidad para transportar cargas nucleares. Los aliados europeos de Ucrania han interpretado este hecho como un intento adicional de intimidación durante el ataque. El presidente Zelenski subrayó la importancia de la solidaridad internacional en la defensa de Ucrania, tras indicar que, además de los fallecidos en Kiev, los ataques en otras regiones del sur y este del país también dejaron heridos.
En Odesa, se reportaron impactos en infraestructuras civiles que provocaron al menos nueve heridos, entre ellos varios niños. Asimismo, en Járkov, drones causaron heridos adicionales. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, condenaron el ataque, calificándolo como un «aberrante acto de terrorismo».
Desde el lado ruso, las autoridades han defendido sus acciones como represalias ante un bombardeo ucraniano que dejó 21 muertos en una residencia estudiantil en Lugansk. La justificación proporcionada por el Ministerio de Defensa ruso menciona objetivos militares específicos, incluyendo instalaciones de mando y bases aéreas, asegurando que los objetivos del ataque fueron alcanzados plenamente.
