Un estudio europeo sugiere que la soledad influye en la memoria de las personas mayores, pero no acelera el deterioro cognitivo a lo largo del tiempo. La investigación, que involucró a más de 10,000 participantes en 12 países, indica que aquellos que reportaron altos niveles de soledad mostraron peores resultados en pruebas de memoria al inicio, aunque su deterioro fue similar al de quienes se sentían menos solos.
Este trabajo, publicado en la revista Aging & Mental Health, fue realizado por investigadores de la Clínica Universitaria de Navarra, la Universidad de Valencia, la Universidad de Rosario, y el Instituto Karolinska. Los datos fueron analizados durante un período de siete años, de 2012 a 2019, a partir de la Encuesta sobre salud, envejecimiento y jubilación en Europa.
Los resultados refuerzan la conexión entre la soledad y la función cerebral, sugiriendo que el aislamiento no necesariamente constituye un factor de riesgo para desarrollar demencia. Los investigadores proponen que se realicen pruebas de detección de la soledad dentro de los exámenes que evalúan las capacidades mentales de las personas mayores.
El estudio destaca que, aunque la soledad afecta la memoria inicial, no impacta su deterioro progresivo, lo que fue un hallazgo sorprendente para los autores. La investigación también reveló que los niveles más altos de soledad se registraron en países del sur de Europa, y que la mayoría de los participantes manifestó tener niveles de soledad medios o bajos al inicio del estudio.
El grupo de personas con altos niveles de soledad era de mayor edad, predominantemente mujeres, y enfrentaba mayores problemas de salud, incluyendo depresión y diabetes. Aunque comenzaron con puntuaciones de memoria más bajas, su deterioro se produjo a un ritmo similar al de aquellos con niveles de soledad más bajos, lo que sugiere que la percepción de soledad no es estática a lo largo del tiempo.
