En los días posteriores a los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que devastaron La Guaira, Venezuela, el 24 de junio, se ha evidenciado un aumento alarmante en la necesidad de atención animal. Voluntarios de la Brigada Veterinaria (Brivet) han establecido una carpa de atención en Los Corales, donde más de 170 miembros están brindando ayuda a mascotas heridas y abandonadas. Este esfuerzo surge en respuesta a la situación crítica en la que cientos de animales han quedado desamparados, lo que ha llevado al colapso de los refugios en la región.
Las autoridades veterinarias informan que han recibido no solo perros y gatos, sino también otras especies, como conejos y loros, muchos en condiciones críticas. La médico veterinaria Irene Tejera ha explicado que, debido a la falta de infraestructura, la atención inicial se realiza en la carpa antes de que los animales sean trasladados a centros veterinarios en Caracas. La situación se agrava, ya que la capacidad de acogida y los recursos son limitados.
La comunidad internacional y organizaciones humanitarias han comenzado a tomar nota de la magnitud del desastre, que ha culminado con un saldo trágico de 2,595 fallecidos y más de 12,400 heridos, con un número indeterminado de desaparecidos. La crisis humanitaria afecta tanto a las personas como a los animales, que, al igual que sus dueños, se encuentran en estado de shock y ansiedad ante la devastación.
Los testimonios de los propietarios reflejan una profunda preocupación. Edward Chávez, por ejemplo, ha buscado ayuda para su perro Boby y menciona que, pese a haber sufrido daños en su hogar, ha decidido quedarse en La Guaira para cuidar a sus mascotas. Esta situación se repite entre muchos otros que, a pesar de su propia vulnerabilidad, priorizan el bienestar de sus animales.
La encargada del refugio estatal Misión Nevado, Tania Molina, ha declarado que la llegada de animales es constante y que, aunque ha perdido su hogar y ha enfrentado pérdidas personales significativas, sigue al frente de la atención a las mascotas afectadas. Este fenómeno destaca la resiliencia de la comunidad en medio de la catástrofe y resalta la necesidad apremiante de adoptar y cuidar a los animales afectados.
La situación continúa evolucionando y exige una respuesta coordinada entre el gobierno, organizaciones locales e internacionales, y la sociedad civil para abordar esta crisis humanitaria multifacética y garantizar el bienestar de todos los seres afectados.
