El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reporta una disponibilidad de solo dos médicos por cada mil derechohabientes, cifra que es 44% inferior a la del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), que cuenta con 3.6 médicos por cada mil usuarios. La académica Gabriela Luna Ruiz, del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, ha señalado que esta disparidad limita la capacidad de atención y el acceso a servicios médicos esenciales, incluyendo consultas, medicamentos y hospitalización.
Luna Ruiz informa en un comunicado que además del escaso número de médicos, existe un déficit significativo de enfermeras, camas hospitalarias e insumos médicos, lo que representa un obstáculo para que millones de mexicanos reciban atención médica oportuna. Esta situación también repercute en las consultas, estudios clínicos, intervenciones quirúrgicas y servicios de urgencias.
Respecto al IMSS-Bienestar, las estadísticas revelan que cuenta con 2.1 médicos por cada mil usuarios, un número ligeramente superior al del IMSS, a pesar de que tiene como objetivo atender a 41.6 millones de personas sin acceso a seguridad social. La académica destacó que el aumento en la demanda de atención médica no ha sido acompañado por incrementos en personal, infraestructura y recursos, lo que intensifica la presión sobre los hospitales y prolonga los tiempos de espera.
Luna Ruiz también advirtió sobre el desabasto de medicamentos y materiales médicos. En el caso del IMSS-Bienestar, la disponibilidad de camas hospitalarias es insuficiente para atender a la población objetivo. Señaló que extender la cobertura de los servicios públicos no necesariamente se traduce en una mejor atención, si las instituciones no cuentan con el personal y los recursos necesarios.
Otro tema de preocupación es el alto porcentaje del presupuesto destinado al pago de pensiones y jubilaciones dentro de las instituciones de seguridad social. La académica indicó que el 73% de los recursos del ISSSTE se utilizan para pensiones, mientras que en el IMSS esta cifra asciende al 64%. Esto sugiere la necesidad de separar claramente los recursos destinados a obligaciones pensionarias de aquellos que financian directamente la atención médica de los pacientes.
Luna Ruiz argumentó que la separación de estos recursos facilitaría una mayor transparencia y permitiría una mejor evaluación del gasto público en salud. Asimismo, expresó dudas sobre si los aumentos presupuestarios para el IMSS-Bienestar resultarán en una mejora real de la capacidad de atención, señalando que aunque el presupuesto ha pasado de aproximadamente 11,900 millones a 264,000 millones de pesos, estas cifras no son comparables directamente, dado que incluyen la federalización de los servicios de salud y gastos en rehabilitación y reestructuración administrativa.
La especialista finalizó aludiendo a las desigualdades en el gasto público por usuario, observando que este es aproximadamente 2.3 veces mayor en el IMSS y el ISSSTE en comparación con el IMSS-Bienestar. Sostuvo que los servicios para la población sin seguridad social dependen mayoritariamente de recursos públicos y subrayó la importancia de reducir estas brechas de financiamiento para avanzar hacia un sistema de salud equitativo. Concluyó que la universalización de los servicios médicos requiere inversión en infraestructura, medicamentos y personal adecuado, además de fomentar medidas preventivas y una mejor atención.