Ataques aéreos israelíes en el sur de Líbano han dejado siete muertos y varios heridos, mientras que el ejército de Israel ha demolido partes de un convento católico en la aldea de Yaroun, según informes locales. Esta situación se agrava con nuevas órdenes de evacuación a residentes de nueve aldeas de la región.
Pese a una tregua temporal que inició el 17 de abril, tanto Israel como Hezbolá continúan con sus hostilidades. El convento, que había permanecido vacío debido a la violencia, era un pequeño complejo que albergaba a solo dos monjas, quienes se fueron por el conflicto.
El ejército israelí justificó la demolición al afirmar que la infraestructura de Hezbolá estaba presente en la zona y que, al conocer el vínculo religioso del lugar, trataron de minimizar los daños. Sin embargo, la Iglesia católica en Líbano refuta estas afirmaciones, asegurando que el convento nunca se utilizó con fines militares.
En otras áreas del sur libanés, los bombardeos israelíes han causado más muertes. Recientes ataques aéreos han dejado un saldo de al menos cinco fallecidos en distintas aldeas, mientras que el ejército de Israel declaró haber ejecutado alrededor de 50 ataques en menos de 24 horas, enfocándose en objetivos asociados a Hezbolá.
Hezbolá, por su parte, ha llevado a cabo contraataques, incluyendo un ataque con dron contra soldados israelíes. La escalada de violencia se ha intensificado en las últimas semanas, con Israel demolando barrios en localidades próximas a la frontera por considerar que eran utilizados por el grupo respaldado por Irán.
Desde que el conflicto se reinició el 2 de marzo, se han registrado numerosas bajas. El Ministerio de Salud reportó un total de 2,659 muertos y más de 8,183 heridos desde el inicio de las hostilidades. A pesar de los intentos de diálogo entre ambos países, la situación sigue siendo crítica.