A medida que se inician las definiciones electorales en Quintana Roo, la situación dentro de la Cuarta Transformación (4T) se torna crítica. Esta incertidumbre se intensifica tras el cierre de registros para candidaturas, donde el exencargado de las aduanas, Rafael Marín Mollinedo, ya ha comenzado a posicionarse para obtener la alcaldía de Benito Juárez, en caso de que su postulación para suceder a Mara Lezama no prospere. Dado que esta alcaldía incluye a Cancún, un pivote turístico en México, las implicaciones de dicha estrategia son significativas para el control político y el acceso a recursos en la región.
Dentro del contexto electoral, Marín Mollinedo, también exrepresentante de México ante la Organización Mundial del Comercio, tiene la mirada puesta en la gubernatura. Sin embargo, enfrenta una competencia firme por parte del senador Gino Segura, quien cuenta con el respaldo de la actual mandataria. Esto ha llevado a Marín a diseñar un plan alternativo, buscando asegurarse influencia en el poder local, independientemente de los resultados de la encuesta partidaria.
En cuanto a las dinámicas políticas, se han identificado dos ciudades clave: Benito Juárez y Tulum. La actual alcaldesa de Benito Juárez, Ana Patricia Peralta de la Peña, también figura como una candidata potencial para la gubernatura, especialmente si la candidatura debe ser ocupada por una mujer. Marín Mollinedo busca mantenerse en la contienda, asegurando su posición como sucesor en caso de que la candidatura gubernamental sea asignada a Segura.
Paralelamente, la estrategia de Marín incluye una posible alianza en Tulum, donde su interés se centra en Jorge Portilla. Este último, fundador de Morena en el estado, ha cambiado de partido para regresar al oficialismo, lo cual destaca la complejidad de las alianzas dentro de la política de la región. A pesar de que Marín podría no conseguir la candidatura a gobernador, su enfoque en la influencia política y económica se consolida.
La creciente tensión entre los equipos de Marín Mollinedo y Gino Segura plantea un claro riesgo para la coalición oficialista. La falta de cohesión entre ambos podría comprometer no solo las campañas, sino también la capacidad de trabajar conjuntamente el día de la elección. Este clima enardecido, por tanto, representa no solo una lucha por el poder en Quintana Roo, sino también un reflejo de las tensiones internas dentro de la 4T, crucial para su continuidad y estrategia en uno de los estados más codiciados del país.
