El pasado 24 de octubre, México concluyó el primer año del ciclo 37 de entregas de agua del Río Bravo, en cumplimiento del Tratado de Aguas de 1944. Este avance se materializa en un contexto de severa sequía que ha comprometido la disponibilidad de agua en la región, situación que resalta la complejidad de mantener los compromisos internacionales en medio de desafíos climáticos.
La Secretaría de Relaciones Exteriores, bajo la dirección de Roberto Velasco, informó que el Gobierno federal coordinó esfuerzos interinstitucionales para asegurar el volumen mínimo anual de agua requerido, aunque no se precisó la cantidad exacta entregada. Este cumplimiento se realizó sin comprometer, según la Cancillería, el derecho humano al agua ni la producción de alimentos en las comunidades afectadas, particularmente en las áreas fronterizas.
Además, México y Estados Unidos continúan trabajando en conjunto para optimizar la gestión de los recursos hídricos compartidos. Este enfoque busca desarrollar soluciones efectivas ante la prolongada sequía que enfrenta la región. Velasco, durante su comparecencia en el Senado, defendió la naturaleza de la cooperación con Estados Unidos, enfatizando una relación que no conlleva subordinación.
Desde Washington, la secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, confirmó que México cumplió con entregar al menos 350,000 acres-pie de agua (aproximadamente 431 millones de metros cúbicos) durante el año. Sin embargo, enfatizó que la situación sigue siendo crítica, dado que las entregas continuas y el cumplimiento de la deuda de agua pendiente son vitales para los agricultores y ganaderos del sur de Texas.
En resumen, los esfuerzos recientes reflejan una voluntad política para abordar los desafíos hídricos en un contexto transfronterizo, no solo respetando los compromisos internacionales, sino también salvaguardando los intereses y necesidades de las comunidades locales.
