Hay películas de Disney que admiramos y otras que simplemente nos dan cariño. Para mí, este pollito con lentes tiene argumentos para quedarse en la conversación.
Hoy, 4 de noviembre, Chicken Little cumple 21 años de su estreno. Llegó a los cines en 2005 y, sí, hacer esa cuenta ya me hizo sentir raro. Tengo 23: esta película lleva casi toda mi vida existiendo. Disney confirma el 4 de noviembre como su fecha de lanzamiento.
Y aprovechando el cumpleaños, quiero defender un poquito a ese pollito al que dentro de su propia película le cuesta tanto conseguir que alguien lo escuche.
Me gusta Disney. Mucho. He visto la mayoría de sus películas y disfruto hablar de ellas, compararlas y encontrarles detalles. Pero también creo que ser fan incluye poder decir: esta parte no funciona, este personaje me desespera o aquí pudieron hacerlo mejor.
Con Chicken Little me pasa todo eso.
El problema nunca fue solamente que se cayera el cielo
Lo que más me interesa de la película es lo que ocurre después de que el pueblo decide que Chicken Little es una vergüenza.
Se equivoca —o al menos eso creen todos— y ese error se vuelve su identidad. Ya puede intentar explicarse, hacer algo distinto o seguir adelante: para los demás continúa siendo el pollito que provocó un desastre.
Ahí encuentro algo bastante reconocible. Qué pesado debe ser sentir que tienes que hacer algo extraordinario para que dejen de recordarte una sola equivocación.
Y todavía más cuando la persona de la que esperas apoyo tampoco sabe cómo escucharte.
Su papá me desespera, y bastante
La relación con su papá es la parte que más me hace ruido.
Entiendo que la película quiera mostrar a un padre que no sabe conectar con su hijo. Eso puede dar para una historia interesante. Pero hay momentos en los que me dan ganas de interrumpir la escena y decirle: escúchalo tantito, por favor.
Chicken Little pasa buena parte de la historia intentando demostrar que merece confianza. Como espectador, yo quisiera que no tuviera que esforzarse tanto para recibirla de su propio papá.
La reconciliación tiene una intención bonita, aunque a mí me habría gustado que la película dedicara más tiempo a construirla. No todo se resuelve con encontrar las palabras correctas una vez.
Luego aparecen los extraterrestres y todo se descontrola
También hay que decirlo: esta película es rarísima.
Empieza con un pueblo que se burla de un pollito, pasa por el béisbol y termina con una invasión extraterrestre. A ratos parece tener demasiadas ideas peleándose por aparecer.
Hay chistes que me funcionan y otros que podrían desaparecer sin que los extrañara. Algunas escenas necesitan respirar un poco más. No voy a fingir que todo está perfectamente conectado.
Pero su grupo de amigos ayuda muchísimo. Me gusta que encuentre compañía entre personajes que tampoco encajan del todo. Con ellos puede ser algo más que el error que el pueblo le recuerda.
Y Pez tiene una facilidad especial para robarse la atención sin necesitar una gran explicación.
No tiene que ser la mejor de Disney para importar
No pondría Chicken Little al nivel de mis grandes favoritas solo porque hoy cumple años. El cariño tampoco obliga a acomodar todas las películas en el primer lugar.
Lo que sí haría es volver a verla sin exigirle que sea otra película.
Tiene un protagonista vulnerable, decisiones que me frustran, amigos que disfruto y una historia que, debajo de tanto ruido, toca una necesidad muy sencilla: que alguien te crea.
A los 23 años, eso me interesa más que decidir en qué posición exacta debe quedar dentro del catálogo de Disney.
Así que feliz cumpleaños, Chicken Little. Yo sí te daría otra oportunidad. Y a tu papá todavía le pediría que se sentara a escucharte.

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